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Feliz 2014

martes, 31 de diciembre de 2013


Esta época del año nos pone más reflexivos que de costumbre. En mi caso, mi mente se convierte en cine que proyecta mis hazañas del año; es como una maratón de recuerdos de diferentes géneros, lo que tienen en común está en la lista de créditos: sé que sin Dios nada de lo que viví hubiera sido posible, él me rodeó y llenó con su amor y sus detalles mantuvieron mi corazón enamorado.

Ahora, un nuevo tramo de camino para recorrer está frente a nosotros, es el 2014 que está listo para estrenarse. Estamos comenzando otra vuelta en la carrera de la vida; la expectativa por las cosas que vendrán en este año y los entusiastas comentarios llenan el ambiente.

Hay algo que la mayoría de nosotros tenemos en común: queremos ser mejores y guardamos la esperanza de que en verdad las cosas pueden serlo. Esta época del año pone al descubierto ese gran anhelo que hay en cada persona, por algo más grande, por estar completos, por tener paz. 

Estamos dispuestos a trabajar duro para lograr nuestras metas y las escribimos para no olvidarlas, no hay problema en eso. El problema surge cuando nuestra motivación para lograr lo que nos hemos propuesto es llenar un vacío en nosotros. Cuando luchamos solo por nosotros mismos terminaremos más cansados y aún vacíos. Como diría San Agustín: "mi alma está inquieta, hasta que descanse en ti [Dios]"

Nada de lo que puedas lograr te va a llenar por completo, porque no fuimos hechos para ser llenos por nuestra autosuficiencia y nuestros logros. El apóstol Pablo, quien por todos sus antecedentes pudo haber tenido mucho de qué jactarse, dijo que todo lo que consideraba ganancia, lo estimó como pérdida por amor de Cristo. (Fil 3:7). 

Dios es fiel, y cuando decido alinear mis metas con sus propósitos, dejando que Él sea el Señor, puedo por fin descansar. Sigo esforzándome y sigo caminando mientras soy moldeada por Él, pero puedo vivir un día a la vez porque aunque aún no llego al final, y aunque el camino por delante es largo, sé que soy completa y mi esperanza un día será cumplida en su totalidad. 

Pablo lo dice mejor:

No quiero decir que ya llegué a la perfección en todo, sino que sigo adelante. Estoy tratando de alcanzar esa meta, pues esa es la razón por la cual Jesucristo me alcanzó a mí. (Filipenses 3:12 PDT) 

Es mi oración que podamos vivir un día a la vez, en el aquí y ahora, con nuestros ojos abiertos a lo que Dios hace, él es siempre fiel; y con nuestras vidas dispuestas a servir en cada oportunidad que se presente.

Feliz Navidad.

martes, 24 de diciembre de 2013



Mi ciudad está iluminada. La navidad hace que en la mayoría de las calles haya por lo menos alguna pequeña hilera de luces multicolores. No solo son las luces, por estos días se respiran aires de generosidad, cordialidad y de otras cosas buenas. Mi dermatólogo, hace unos días me extirpó un quiste gratuitamente como regalo navideño. Un guarda de seguridad me dejó pasar con el equipaje de mi abuela hacia el bus (solo ella podía pasar, porque era quien viajaba) y todo por ser navidad. Ambos respiraban ese aire. Y no solo ellos, en la calle he escuchado a otras personas justificar sus buenos actos bajo ese lema.

Lindo ¿no?

Generosidad, alegría, unidad, fraternidad, recogimiento. Son palabras que usualmente se usan para describir esta época.

…pero usted al igual que yo, sabemos que no siempre son adecuadas.
Algunos, de hecho, viven una experiencia navideña que se acerca más a lo opuesto.

Es desafortunado ver cómo algunos contraen deudas, para cumplir por estas fechas las expectativas generadas por la sociedad de consumo.

Encienda la televisión, mire los múltiples anuncios que nos invitan a aprovechar los bonos navideños para conseguir aquello que no necesitamos (¡si nos persuaden en el día estando bien despiertos imagínense su efecto en la noche!). Justo después de los comerciales, llega la emisión de noticias presentando los últimos accidentes de tránsito y las muertes producidas por conductores ebrios. En definitiva, un mes de excesos y contrastes.

Si usted al igual que yo, ha sido engañado por la enternecedora figura de Papá Noel, lo invito a que más bien enfoque su mirada, no en el gordito comercial, sino en la no solo enternecedora sino conmovedora figura del bebé en el pesebre.

Piense un momento, si en Jesús Dios decide revelarse plenamente, si él es la imagen del Dios invisible como dice Colosenses 1:15 ¿qué nos dice la primera navidad acerca de Él? 

Hay dos palabras que se me vienen a la mente al instante: vulnerabilidad y humildad. Si usted ha creído en el gran misterio del Dios humanado, el Dios que decide habitar entre nosotros, no dejará de maravillarse ante su decisión.

El autor Philip Yancey lo expresa de una bella manera:

El Dios que creó la materia tomó forma dentro de ella, como un artista se pudiera convertir en un punto de un cuadro o un dramaturgo en un personaje de su propia obra.
Prosigue el autor: “Dios, quien no conoce límites, asumió los confines sorprendentes de la piel de un niño, las limitaciones ominosas de la mortalidad”.

La navidad, es entonces la celebración de que Dios se hizo como uno de nosotros para expresar el inexpresable amor divino hacia la humanidad. En Jesús, Dios elige otra manera de presentarse como el Dios que desea habitar en medio de su pueblo, como Emanuel, ya antes a través del tabernáculo y el templo lo había indicado. Ahora, en aquel frágil y vulnerable bebé judío, nos sigue invitando a que lo miremos como próximo, cercano, como aquel Dios que no es indiferente ni ajeno a nuestros sentires. 


En ese establo yacía la esperanza encarnada. ¡La luz llegó al mundo! como diría el apóstol Juan. 

Que nuestra celebración navideña pueda recuperar tal significado. Que las luces nos recuerden la gran Luz que vino al mundo.Que nuestros actos de generosidad y servicio se desprendan de nuestro agradecimiento a Dios, por habernos entregado el regalo más preciado, jamás dado, Su propio hijo.

Dios dirige su mensaje a todos, a quienes viven esta época con excesos y a quienes la viven con austeridad, a quienes la viven para otros, y a quienes la viven para sí mismos.

Aunque cueste creerlo, no olvide que Dios es como se nos mostró en Jesús, ¡incluyendo su nacimiento! Yancey, lo dice así: "Los acontecimientos de la navidad apuntan de forma inexorable a lo que parece una contradicción de términos: un Dios humilde". 

¿No le parece ese un motivo suficiente para celebrar?

Feliz Navidad.

Imitar a Jesús.

martes, 17 de diciembre de 2013



Por definición, entonces, el Reino se parece a Jesús. Esta es su esencia. Y participamos en este Reino en la medida –y solo en la medida- en que nos parecemos a Jesús.

Por ello, el Nuevo Testamento pone tanto énfasis en imitar a Jesús. Por ejemplo, Pablo manda a los efesios a, “Ser imitadores de Dios”. Él explica entonces lo que quiere decir exactamente cuando añade, “Vivan en amor, así como Cristo nos amó y dio su vida por nosotros” (Efesios 5:1-2). Piensa seriamente en esto. Estamos llamados nada menos que a imitar a Dios. Esto es precisamente lo que significa ser “santo” o “como Dios”. La palabra griega para imitar significa “hacer mímica” ser “mimo” o “sombra” de alguien más. Así mismo estamos llamados a ser la sombra que Jesús emite. Una sombra nunca hace algo distinto de lo que la emite. Así también debemos hacer lo que vimos hacer a Dios en Jesucristo. Debemos amar como Cristo nos amó en el Calvario. Nada más y nada menos.

Pablo enfatiza que la calidad del amor expresada en el Calvario es algo en lo cual estamos llamados a vivir. El amor no es algo que se supone debamos hacer ocasionalmente, cuando es conveniente, cuando estemos con buen ánimo o cuando nos guste la otra persona. Más bien, la calidad de amor del Calvario es algo que debe ser tejido dentro de la fábrica de nuestra vida – nuestra respiración, nuestras ondas cerebrales y los latidos de nuestro corazón. El momento de tu llamado para amar es cuando respiras, cuando estás consciente, cuando tu corazón late.

El apóstol Juan enseña esencialmente la misma cosa cuando define el amor como “Jesucristo entregando su vida por nosotros”. Él luego añade que por esta razón, “también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos” (I Juan 3:16). Estamos llamados a amar, lo cual significa que hemos de reproducir el amor expresado en el Calvario hacia los demás.


Este amor en el cual estamos llamados a vivir no es un sentimiento o algo abstracto: éste siempre toma forma en la acción – como el amor de Dios lo hizo en el Calvario. Y esta es la razón por la que Juan inmediatamente nos provee de una ilustración concreta pare referirse a este amor.

Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en Él? Queridos hijos no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad. (I Juan 3:17-18)
Este es el Reino de Dios. De hecho, esta es la definición de “Cristiano,” de ahí lo de parecerse a Cristo. Esto no consiste principalmente en pensar y decir las cosas correctas – “la doctrina correcta” como muchos insisten. Se trata de hacer las cosas como Jesús. Consiste en la calidad de ACCIÓN expresada en el Calvario. En sacrificarte para satisfacer una necesidad cuando la veas. En imitar a Cristo con cada respiración, onda cerebral y latido del corazón.

Porque estamos llamados a amar como Cristo nos amó, debemos amar sin considerar quienes lo merecen y quienes no. Nunca debemos permitir que el sentido común triunfe sobre el amor que estamos llamados a dar. Jesús nos enseñó:

Amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan. … amen a sus enemigos, háganles bien, y denles prestado sin esperar nada a cambio… Sean compasivos, así como su Padre es compasivo. (Lucas 6:27-28, 35-36)
A esto se parece la calidad del amor expresado en el Calvario, y a esto, por definición, es a lo que se parece el Reino de Dios. Debemos ser misericordiosos como el Padre ha sido misericordioso con nosotros – incondicionalmente e indiscriminadamente.



[Tomado de ReKnew]

El Reino de Dios es Jesús.

viernes, 6 de diciembre de 2013


Vivir con una consciencia de Reino: Parte II


La verdad es que no hay nada obvio acerca del Reino de Dios. De hecho, si humildemente permitimos a la Escritura decirnos algo que no asumamos conocer de antemano, veremos que el significado del Reino de Dios contradice la mayoría de verdades “evidentes” de nuestra cultura y de cada cultura. Como es típico, en lugar de darnos una definición abstracta del Reino de Dios, la Escritura nos dan una historia. Es la historia que se centra en la persona de Jesucristo.

A través de los Evangelios, Jesús es presentado como la perfecta encarnación – la encarnación- del “Reino de Dios.” Cuando Jesús estaba presente, la Escritura muestra, que el Reino de Dios estaba presente. Él era en su forma encarnada, la cúpula en la cual Dios era Rey – El reino de Dios. De acuerdo a la historia del Nuevo Testamento, Jesús plantó la semilla de mostaza del Reino con su ministerio, muerte y resurrección. Él entonces dio a la Iglesia, la reunión de todo lo que se somete al Señorío de Cristo, la tarea de encarnar, vivir y expandir este Reino único.

La iglesia es llamada a ser nada menos que “el cuerpo de Cristo”. Un tipo de extensión corporativa del cuerpo encarnado de Jesús. Somos llamados a reproducir quien fue Jesús, al manifestar (con nuestras vidas) quien es Jesús.Y así es como expandimos la cúpula en la cual Dios es rey – el Reino de Dios.



[ Tomado de ReKnew.]










Dallas Willard

miércoles, 4 de diciembre de 2013



Los buenos libros nos sugieren nuevas rutas para explorar y nos presentan nuevos compañeros con quien andar.

Brian McLaren en su libro El mensaje secreto de Jesús, no solo desafió mi reducida visión del concepto del Reino de los cielos, sino también, me presentó a un compañero de camino, maestro y mentor: Dallas Willard.

Brian, en ese mismo libro me presentó a N.T. Wright. ¡Imagínense cuán agradecido estoy con el líder de la iglesia emergente!

Esta entrada va dedicada a Willard, quien falleció el pasado ocho de mayo.

Nos queda difícil no agradecer por su vida a quienes directa o indirectamente conocimos de él.

Fui conociéndolo por medio de artículos, libros y conferencias (en Youtube). Nunca tuve la oportunidad de hablar personalmente con él, pero eso no importó para inspirarme como lo hizo. Su muerte, me afectó tanto como si hubiera muerto un profesor cercano. Es una afirmación extraña, pero cierta también. La distancia no me impidió sentirlo cerca, incluso más cerca que a profesores a quienes les estrecho la mano.

Dallas Willard fue un renombrado filósofo y teólogo norteamericano –tristemente no muy conocido en Latinoamérica. Escribió importantes libros en el área de espiritualidad y discipulado cristiano especialmente. Entre sus libros más conocidos están: La Conspiración Divina, El Espíritu de las Disciplinas y Renueva tu Corazón (este último es, de lejos, el mejor libro de espiritualidad que he leído hasta ahora).

La serenidad y lucidez de Willard eran notables (miren sus conferencias, lean sus libros). Quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo mejor, no dejan de elogiar y agradecer por su vida y obra [1]. Para él, formar nuestro carácter en semejanza a Cristo, es lo que se espera de aquellos que dicen ser sus discípulos, no es algo opcional. Familiares, amigos y alumnos dan fe de que su carácter reflejaba al Maestro que siguió hasta la muerte.

Su amigo, el conocido teólogo Richard Foster preguntaba en su memorial:

"¿estaremos tan dispuestos a absorber el carácter de Cristo como Dallas lo hizo?".

Willard, estaba plenamente convencido que sin las prácticas o disciplinas espirituales no sería posible formar nuestro carácter en semejanza a Cristo. Se quejaba además del lugar que tienen estas prácticas dentro de la mayoría de iglesias cristianas hoy: en el mejor de los casos se ven como actividades complementarias.
Sostenía –y creo que con razón- que solo nos hemos centrado e intentado practicar lo que Jesús y sus discípulos decían, prestando poca y a veces ninguna atención a lo que hacían. Si las disciplinas espirituales fueron centrales en la vida de Pablo y del mismo Jesús, ¿qué nos hace pensar que deban tener menor importancia en la nuestra?

Por otra parte, consideraba desafortunado el hecho de que hoy muchas iglesias reducen la salvación al mero perdón de pecados, y descuidan así el nuevo orden de vida que se desprende de esta salvación. Se ha tendido a relacionar la salvación solo con la muerte de Cristo, pero se descuida la relación entre la salvación y la vida de Cristo (Rom 5:10).

Quien esté interesado en conocer un poco mejor la obra Dallas, puede ponerse en contacto conmigo para sugerirle algún material.

Algunas de sus citas:

Los mayores santos no son aquellos que necesitan menos de la Gracia, sino quienes más la utilizan, quienes, de hecho, tienen más necesidad de ella.


Nuestro plan para una vida de crecimiento en el reino de Dios debe ser estructurado alrededor de las disciplinas para la vida espiritual.


No se puede evadir el hecho de que vivimos a merced de nuestras ideas; esto nunca es más cierto que con nuestras ideas acerca de Dios.

Gracias por tanto, amado Willard.
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[1] Quienes quieran leer algunos de los homenajes que le han hecho, pueden visitar la cuenta principal de Dallas Willard en Twitter, y buscar los tweets del día de su muerte (8 de mayo) y días siguientes.
 

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